¿Es usted acaso un semi-cristiano? No se atrevería a decir que es un cristiano ciento por ciento ¿verdad? Pero al mismo tiempo, no le gustaría admitir que no es cristiano en ningún sentido. De modo que su pensamiento es que ocupa una posición intermedia. Pero en esto puede estar engañándose, y esto en relación con el cristianismo es cosa muy seria. Encaremos, pues, este asunto honrada y sinceramente, y veamos dónde se encuentra usted.
Conocemos a mucha gente a quienes, para nuestro propósito del momento, estamos llamando semi-cristianos. Son, por lo general, muy buena gente: amables, decentes y amigables. Son buenos y útiles vecinos, interesándose en proyectos que benefician la comunidad. Asisten regularmente a su iglesia, y no se les puede acusar de ningún desorden en su vida. Con todo no profesan ser santos exactamente. Están aficionados a los deportes y toda clase de entretenimientos mundanos. Les gustan las reuniones sociales y fiestas, y si alguna vez se observa en ellos algo de picardía, o diabluras, bien, esto se considera muy normal. “¿Qué quiere?” nos dirán, “estamos en el mundo”. Tal vez usted pertenece a esta clase.
Ahora pedimos su atención, por favor, mientras le contemos de otra clase de gente. Ellos toman su cristianismo muy en serio. Creen – pero verdaderamente creen – que aquel Niño que nació en Bethlehem era el eterno Hijo de Dios, como enseña la Biblia. Creen que vino al mundo por causa de la condición pecaminosa de la humanidad. Creen que su misión era la de salvar a los hombres de sus pecados y hacerles “nuevas criaturas”. El mismo dijo que los hombres tenían necesidad de “nacer otra vez” para poder ver el reino de Dios. Enseñó que por medio de su sacrificio, ofrecido a favor de los pecadores, ellos, creyendo en él, llegarían a ser poseedores de la vida eterna. Y estos cristianos de quienes hablamos, no sólo lo han creído como una doctrina, sino que, habiendo confiado en él de corazón, han experimentado ese nuevo nacimiento, y poseen ese nuevo tipo de vida que él llama eterna. Eso de ser “nuevas criaturas” es para ellos una gloriosa realidad. La Biblia dice que porque han recibido a Cristo por medio de la fe, han sido hechos “hijos de Dios”. También les llama “santos”, y dice que son un pueblo celestial. Y Cristo mismo dijo de los tales: “No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo”. Todo esto y mucho más.
Ahora bien, la clase que acabamos de describir es la clase que Dios reconoce como cristianos. Todo lo que acabamos de decir acerca de ellos es el testimonio que se puede dar acerca de todo verdadero cristiano. Díganos, pues, amigo lector: ¿Es una descripción verdadera de usted? O es cristiano, o no lo es. No hay “semi-cristianos”; sólo hemos empleado el término para expresarnos convenientemente. Un semi-cristiano es una imitación y un hipócrita. Y el mundo está lleno de ellos. Cristo mismo habló de ellos repetidas veces, y dijo que eran como cizaña en medio del trigo.
Si usted cree que puede considerarse cristiano verdadero, hágase esta sencilla pregunta: ¿Cuándo llegué a serlo? ¿Cuándo nací de nuevo? ¿Cuándo fui hecho una “nueva criatura” o un hijo de Dios? Porque la verdad es: que si no es cristiano en el concepto divino de las cosas, no es cristiano en ningún sentido verdadero. El cristianismo verdadero comienza con una experiencia sobrenatural de conversión. ¿No le parece que este asunto merece una seria investigación?
Andrés Stenhouse
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