Dice Dios: Clama a mi y yo te responderé y te mostraré cosas grandes y ocultas que tu no conoces.
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Predicaciones /Un Poderoso Salvador
Lucas 1: 57-58; 67-79 “...Cuando a Elisabet se le cumplió el tiempo de su alumbramiento, dio a luz un hijo. Y cuando oyeron los vecinos y los parientes que Dios había engendrado para con ella su misericordia, se regocijaron con ella...” “...Y Zacarías su padre fue lleno del Espíritu Santo, y profetizó, diciendo: Bendito el Señor Dios de Israel, que ha visitado y redimido a su pueblo, y nos levantó un poderoso Salvador en la casa de David su siervo, como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio; Salvación de nuestros enemigos, y de la mano de todos los que nos aborrecieron; para hacer misericordia con nuestros padres, y acordarse de su santo pacto; del juramento que hizo a Abraham nuestro padre, que nos había de conceder que, librados de nuestros enemigos, sin temor le serviríamos en santidad y en justicia delante de él, todos nuestros días. Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; porque irás delante de la presencia del Señor, para preparar sus caminos; para dar conocimiento de salvación a su pueblo, para perdón de sus pecados, por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó desde lo alto la aurora, para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte; para encaminar nuestros pies por camino de paz...”

Estimados amigos, hemos tomado por tema una frase del discurso de Zacarías, el padre de Juan Bautista que él pronunciara con motivo del nacimiento de su ilustre hijo. Es la frase que dice que “Dios nos levantó un poderoso Salvador”. Juan Bautista nació 6 meses antes del Señor, así como 30 años más tarde habría de presentarse primero al pueblo de Israel como precursor del Mesías. Siete siglos antes, el profeta Isaías había anunciado el advenimiento del Bautista en estas palabras: “...Voz del que clama en el desierto, preparad camino a Jehová, enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios...”. Y es evidente que el padre de Juan estaba familiarizado con esta profecía, y entendía bien que las palabras se referían a su hijo.

Fue un momento histórico aquel en que nació Juan, el heraldo del Reino de los Cielos. Por 400 años el cielo había guardado silencio, no se oía voz de profeta alguno, más ahora el tiempo había llegado para poner en movimiento el gran plan de redención, conforme a lo que los profetas anteriores habían anunciado. Y lo primero que debía suceder era el nacimiento del Bautista. Su padre Zacarías era sacerdote, y se dice de él y de su esposa que ambos eran justos delante de Dios, y que convertiría a muchos de los hijos de Israel al Señor su Dios. Y ellos aceptaron el anuncio con gratitud y regocijo. En la ocasión de que hablamos, Zacarías fue lleno del Espíritu Santo y prorrumpió en alabanzas a Dios diciendo: “...Bendito el Señor Dios de Israel que ha visitado y redimido a su pueblo y nos levantó un Poderoso Salvador en la casa de David su siervo...”. En realidad, el Poderoso Salvador aún no había nacido, pero Zacarías lo consideraba como un hecho ya realizado. El precursor había nacido y sabía Zacarías que el Salvador mismo, el Mesías prometido había de presentarse luego. Y por la misma razón anunciaba que Dios había visitado y redimido su pueblo.

Observemos que el motivo por el cual bendecía a Dios, no era el nacimiento de su propio hijo Juan, sino que enfoca la atención en aquel que sería infinitamente mayor que Juan, el Poderoso Salvador suscitado en la casa de David. ¿Por qué le describe como Poderoso Salvador? Porque Jesús, según las profecías, no era otro que el mismo Dios, Jehová hecho carne. La profecía acerca de Juan Bautista decía que andaría delante de la faz de Jehová para preparar su camino, y esto significaba que andaría delante de Jesús quien es Jehová el Señor. Detengámonos un momento para preguntar si acaso esta descripción de Poderoso Salvador significa algo para nosotros. ¿Ha sido Jesús un Salvador Poderoso en la experiencia nuestra? Cuántas veces se oye decir que nadie puede saber que es salvo, y que en esta vida, la salvación no es cosa que podamos experimentar. Las personas que así hablan o piensan no pueden decir que Cristo es o ha sido un Poderoso Salvador para ellos. La salvación para ellos es un asunto demasiado teórico y nebuloso. Pero prestemos atención a estas palabras dadas por inspiración divina y aprenderemos mucho. Dirigiéndose a su hijo de 8 días, Zacarías le dice proféticamente: “...Y tú niño, profeta del Altísimo serás llamado porque irás delante de la presencia del Señor para preparar sus caminos, para dar el conocimiento de salvación a su pueblo, para perdón de sus pecados por la entrañable misericordia de nuestro Dios con que nos visitó de lo alto la aurora...”
Juan Bautista sería profeta del Altísimo para ir delante de la presencia del Señor, y ¿con qué objeto?, para dar el conocimiento de la salvación. Si señores, ha sido el propósito de Dios en su entrañable misericordia, dar el conocimiento de la salvación. Pero ¿tenemos nosotros ese conocimiento?, deberíamos tenerlo. La gloria del cristianismo es que no nos deja en ignorancia y en nuestros pecados, sino que nos ilumina y nos redime, nos trae salvación y perdón de pecados por el conocimiento de Cristo el Señor. ¿En qué se basaría este anuncio de salvación y perdón? No puede haber salvación sin un Salvador, y no puede haber perdón sin que haya una base justa. Pero Zacarías ya anunciaba el advenimiento de un Poderoso Salvador para redimir a su pueblo. Y, en cuanto a la iluminación que necesitamos, dice que “...la aurora nos visitó desde lo alto para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte...”. Tal vez no haya ninguna descripción más hermosa de la venida del Hijo de Dios al mundo que esta en que se le llama “La aurora que nos visitó desde lo alto”.

¿Cuál era la condición del mundo antes de que El viniera? Las naciones estaban sumidas en tinieblas en lo que se refiere al conocimiento de Dios. La mitología griega, con su panteísmo y demonismo, era el mejor producto de la sabiduría humana en aquellos tiempos, y aún en el pueblo de Israel no se tenía conocimiento de la salvación de Dios, excepto en el caso de los muy pocos que conocían y creían las Escrituras de los profetas y esperaban la llegada del Mesías. Pero con la venida del Salvador y con la difusión del Evangelio, comenzó el amanecer de un nuevo día.


Andrés Stenhouse

 

 
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